domingo, 12 de mayo de 2013

ROCK and DOL Breu Marc Teòric per a Biel Garriga

ROCK & DOL BREU MARC TEÒRIC Mar Cortina Agustín de la Herrán La educación tiene a su cargo la formación integral del individuo, ayudándole a ser más persona, mediante el desarrollo de sus potencialidades y la búsqueda de la respuesta a sus dudas existenciales y personales, que le permitan participar de un proyecto de desarrollo social con los demás y contribuir de esta manera a una sociedad más justa y profundamente democrática. Creemos que la normalización de la enfermedad, el sufrimiento, las pérdidas y la muerte en la educación contribuye a esa formación integral de la persona. Por no poder eludir la certeza de un final desconocido, la muerte se erige como pregunta vital. El límite de la muerte cuestiona el sentido de toda la vida. Estas reflexiones no son nuevas. La muerte ha sido, es y será un tema perenne sobre el que el hombre se ha cuestionado desde sus orígenes, lo que sí pudiera ser nuevo es llevarlo al campo de la educación de una manera laica y normalizada en un momento sociohistórico donde se enaltece lo joven, lo sano, el éxito y el confort y, en consecuencia se rechaza la vejez, el deterioro físico, el sufrimiento y el morir. Cultivar sólo una de las caras de la vida está teniendo resultados poco favorables para el ser humano y para el planeta que habita. Quizás educar en la vida y en la muerte pueda hacer una pequeña, pero importante, contribución a ese desequilibrio, considerando que el valor de una cultura se verifica en sus actitudes ante la vida y, como corolario, ante la muerte. La experiencia de Biel Garriga y sus alumn@s se enmarca dentro de esta perspectiva: Generosidad y Respeto. Como contribución a esa vivencia, queremos aportar un Breve Marco Teórico que pueda ayudar a que otras experiencias similares sean posibles. Hemos incluido también Orientaciones Generales y Pautas Generales de Actuación para tratar la muerte con los niñ@s y adolescentes que puedan servir tanto a padres y madres como a los docentes. Empezaremos diciendo que el descubrimiento de la muerte dura siempre, está estrechamente relacionado con la madurez personal, tiene una profunda naturaleza individual y no puede continuar siendo ignorado por la escuela o por la sociedad sobre todo si nos basamos en los cuestionamientos espontáneos y naturales de los niños más pequeños, entre 3 y 6 años, para los cuales la muerte tiene una existencia simbólica, es no-irreversible, imaginaria, lúdica, experimentable, intuida, espontánea (natural), escatológica (transgresora) y de interés variable. Es en nuestro camino hacia la adultez que influidos por las creencias sociales cuando convertimos la muerte en una realidad concreta, fenoménica, trágica, misteriosa, incomprensible, artificiosa disfrazada y tabuizable Para introducir la muerte como ámbito educativo lo esencial es partir de todo lo que el niño pida o necesite desde su vivencia, no de lo que el adulto interprete desde su visión. Observando la naturaleza y observando al niño se pueden descubrir muchas orientaciones útiles para la práctica investigadora en y desde la educación. La atenta observación del niño desde sus primeros años junto con una actitud generosa, valiente y desprejuiciada será lo que nos guíe en el qué, cómo, y cuando hablar de la muerte. Conceptuamos la Educación para la muerte como: La comprensión e integración de la muerte en la Educación –escolar, familiar y social- y la formación de educadores (familiares, profesores, orientadores, etc.) para contribuir desde este ámbito a la evolución de las personas como integrantes y cooperadores de la humanidad, desde propuestas didácticas adecuadas. Si pretendemos responder a las necesidades de los alumnos (y, en este caso, se trata de adolescentes), es importante que sepamos: ¿CÓMO VIVEN LOS ADOLESCENTES LA IDEA DE LA MUERTE? Los y las adolescentes entienden el ciclo de la vida y descubren conscientemente la obligatoriedad de la muerte, el hecho de que es un proceso irreversible y que uno mismo también morirá llegado el momento. A esta edad empiezan a preguntarse por el sentido de la vida y, si sufren alguna pérdida cercana, a temer por la suerte de los que han sobrevivido. Saben del carácter universal de la muerte pero aún así es la noción más difícil de integrar en su universo conceptual y la más tardía en incorporarse por eso suelen asociarla a la vejez y a actos trágicos como los accidentes y la violencia. El adolescente acepta que la muerte es inevitable y el final de todo: no obstante la ve como algo lejano y que a él no le atañe. Aún así, durante esta etapa es posible que los jóvenes y las jóvenes mantengan, generalmente, entre ellos mismos significativas conversaciones sobre la muerte, la agonía, los gestos heroicos. Muchas de estas conversaciones serán intentos experimentales y verbales de adquirir perspectiva acerca de ciertos temas. Gran parte de lo que se dice en ellas tendrá carácter de ensayo y exploración más que de afirmación madura y definitiva. Entre los 12 y 16 años, pueden cobrar relevancia unos miedos definidos que se relacionan con la muerte: Miedo al mal y al sufrimiento: Guerras, violencia, terrorismo, hambre, catástrofes naturales, terremotos, inundaciones, huracanes… Ante todo esto muchos de los adolescentes se preguntan: ¿Quién tiene la culpa de todo esto? ¿Qué puedo hacer ante tanto mal? ¿Tengo capacidad para asimilar el sufrimiento? Miedo al dolor y la enfermedad, a la suciedad y al contagio: Sienten atracción y miedo por los lugares, objetos y situaciones que recuerdan la muerte y el morir: cementerios, féretros, hospitales, etc. y a veces, a personas conocidas como al médico, como personaje. Miedo al espíritu de los muertos: Este miedo es muy escuchado en sus conversaciones, fomentado por narraciones y cuentos, así como por películas. PRINCIPIOS GENERALES DE ACTUACIÓN Se fundamenta en el principio de que el trabajo educativo desde una vivencia de muerte es una manera de acompañar humanamente el sufrimiento y ayudar a elaborar el duelo. Desde nuestro punto de vista, el duelo: No consiste en superar nada, en sentido estricto, sino en integrar la ausencia, en aprender a vivir con la muerte de quien ya no está. Es un tiempo de dolor y aprendizaje. No es dar vueltas y vueltas a una situación dolorosa, sino de suelta paulatina de carga dolorosa y ganancia en formación No consiste en sustituir nada, ni a nadie por nadie. No hay que sustituir a la mascota, al abuelo, al padre o al hijo muertos por otras personas y mucho menos si éstas son niños. El duelo es encontrarle su espacio, de modo que de él o ella, que ya no están, queden recuerdos buenos que además ayuden a vivir a todos los que quedan. Los niños y adolescentes no viven el duelo como los adultos, sus muestras de tristeza, rabia o impotencia pueden ser muy variadas, incluso inesperadas y no catalogadas y a veces con el Efecto Guadiana. Requieren nuestra atención amorosa constante para darnos cuenta de qué están sintiendo y necesitando. La buena elaboración del duelo o no puede tener consecuencias emocionales en un futuro más o menos cercano que influirán en el tipo de vínculo que establezca en sus relaciones y en la motivación por el aprendizaje. Además, hay dos cosas que influyen de manera positiva en la elaboración del duelo y que están directamente relacionadas: a. El vínculo que se tiene con la persona fallecida: paradójicamente se da que cuanto más fuerte es el vínculo, cuantas más cosas se han compartido antes de la despedida, el duelo es más llevadero. b. Haber realizado un trabajo de normalización de la muerte previo a que suceda cualquier pérdida, es decir haber reflexionado de una manera u otra sobre la muerte propia y ajena. Consideramos que las siguientes Pautas Generales de Actuación deberían tenerse en cuenta para todas las edades. Todas ellas podrían sintetizarse en un solo epígrafe: RESPETO hacia el proceso formativo del niño y el adolescente, favorecido desde un contexto educativo tanto familiar como escolar: a) Proporcionar seguridad emocional. Es preciso que haya una contención afectiva, es decir, que el niño se sienta seguro afectivamente para poder recorrer todas las fases del duelo sintiendo que no está solo y que dispone de todo el amor necesario para hacerlo. Esto implica mucha generosidad en mayúsculas por parte de los adultos, yendo más allá de nuestros miedos y de nuestros prejuicios culturales y a favor del crecimiento íntegro del niño o adolescente. Una actitud respetuosa es una actitud no-egocéntrica. Contención afectiva no quiere decir sobreprotección ni pretender evitarle el sufrimiento inherente a cualquier pérdida significativa. Sólo el sufrimiento que se atraviesa rodeado de amor, respeto y comprensión, es un sufrimiento que nos hace crecer ya que no podemos evitarlo. Hacer esto es transmitirles que el dolor forma parte de la vida y que somos capaces de integrarlo, y atravesarlo. Es una buena lección de vida para posibles posteriores pérdidas: cambios de casa, separaciones afectivas, fracasos escolares, etc. b) Manifestación normalizada de los sentimientos. Ocultar nuestra tristeza si la hubiera o cualquier otro sentimiento que surja después de la pérdida es mentir al niño. Los niños tienen la percepción sensitiva más desarrollada que la nuestra porque aún no han puesto corazas y, por tanto, captan nuestros verdaderos sentimientos, esta es la razón por la que no conviene ser incoherentes entre lo que decimos y lo que sentimos ya que el hecho de percibir la mentira les deja solos y desamparados con la sensación de que no cuentan con ellos. Ellos se perciben como un ser humano completo que merece ser tenido en cuenta a todos los niveles, nuestra responsabilidad es transmitirles las cosas adecuadamente a su edad, sin verdades a bocajarro ni mentiras piadosas. La comunicación discreta de la situación acompañada de lo que sentimos es establecer un vínculo de confianza y sinceridad que ayudará en posteriores situaciones, contribuyendo a la consistencia y madurez emocional del niño, proporcionándoles un modelo de transparencia y claridad que le ayude a expresar sus sentimientos si así lo deseara. Recordar que somos ejemplos, que somos una referencia de cómo atravesar situaciones difíciles, por eso es importante actuar con conciencia de esta responsabilidad añadida inevitable. Podríamos resumir este apartado con tres palabras: Naturalidad, sinceridad y honestidad. c) Coordinación en la información entre las diferentes instituciones que estén implicadas: familia y escuela (en algunos casos, hospital): Lo primero es saber qué quiere hacer la familia respecto a la información que le va a dar al niño o adolescente y respetarlo dándole la información precisa sobre la importancia de comunicar la verdad y cómo hacerlo. Después es muy importante planificar las respuestas que va a dar el centro educativo y el tutor/a en el periodo de duelo. d) Evitación de frases hechas. A veces utilizamos frases como “No te preocupes”, “No llores”, etc. para llenar un espacio y un tiempo donde el silencio puede resultar incómodo. El silencio no es una herramienta a la que estamos acostumbrados en nuestra cultura pero convendría incluirla. Si estamos atentos a la necesidad del otro, quizás es el silencio empático lo único que puede consolar. En estas situaciones, las explicaciones ayudan muy poco o nada. Tampoco ayuda compararlo con situaciones personales anteriores: “Yo también pasé por esto y…”, cada situación y cada persona es única e irrepetible, este es el desafío para la creatividad, el respeto y la generosidad. Es fundamental, por tanto, actuar sin proyectar y amplificar los sentimientos propios en los del niño. e) Descartar la culpa. Hacerles saber -y decirlo tantas veces como sea necesario- que ninguna persona puede causar la muerte de otra con su pensamiento o con su deseo. Aunque nos parezca extraño, este sentimiento de culpa se da con cierta frecuencia. f) Confianza en el proceso del niño o adolescente, en sus recursos personales para sobreponerse. Los niños y adolescentes si tienen un ambiente afectivo que les contiene y les da seguridad, si no aceleramos sus procesos ni injertamos esquemas ni dogmas, son capaces de convivir con la ausencia del ser querido, a veces mejor que los adultos. Una adecuada elaboración del duelo contribuye a una mayor sensibilidad respecto al valor de la vida. g) Normalización. Progresivamente, ayudar al niño a normalizar la vida cotidiana. Volver a la escuela, relacionarse con los amigos, reemprender sus actividades de ocio, etc. h) Atención permanente. Aunque parezca que el niño ha atravesado el duelo, podría ser que posteriormente aparezcan algunas fijaciones como ritos o identificaciones compensatorias, también pueden haber cambios de carácter, agresiones sin causas aparentes, depresiones periódicas, interrogantes, opciones o preferencias condicionadas, introversiones reactivas, sentimientos de injusticia, de solidaridad, de entronque en el árbol de la vida, etc.), que nos pueden informar de cómo va elaborando la experiencia de muerte. ORIENTACIONES BÁSICAS PARA HABLAR CON LOS NIÑOS SOBRE LA MUERTE Hablándoles CUIDADOSAMENTE de las dificultades de la vida Haciéndoles participar en el proceso de enfermedad y muerte, si lo desean Admitiendo que los adultos no tenemos respuesta para todo No aislándoles de las penas Insistiendo en que nadie tiene la culpa de lo sucedido Permitiendo la expresión de sus sentimientos No evitando la palabra muerte Sabiendo que los niños tienen capacidad de afrontar situaciones reales Ayudándoles a cerrar el círculo afectivo SIN Interrogar, Juzgar, Evadirse, Hacer interpretaciones, Imponer, Descalificar, Generalizar o MENTIR. Animándoles a indagar, respetando sus elaboraciones y su evolución respecto al concepto de muerte. En un contexto escolar, podemos decir que hen un contexto escolare En un contexto escolar podemos decir que hay DIFERENTES VÍAS DE INTERVENCIÓN: Intervenciones improvisadas. Aunque quizás sea la forma más habitual, no las recomendamos ya que pecan de falta de planificación y de reflexión y dependen exclusivamente del talante y los recursos personales de cada profesor o profesora con las subsiguientes carencias de rigor y coherencia. Desde las Tutorías. Nuestra propuesta quiere remarcar que los destinatarios básicos son los tutores o tutoras siempre en coordinación con el departamento de orientación y demás profesores. La tutoría es el espacio natural donde abordar a fondo inquietudes y cuestionamientos de los alumnos. Dado que en Educación Infantil y Primaria no existen unas horas semanales dedicadas a Tutorías, hemos de recurrir a otros momentos como son: Tirar del hilo. Consiste en aprovechar cualquier situación que se presente en clase a través de alguna vivencia o de algún comentario de algún alumno. Lo más aconsejable es abordar esta situación desde una perspectiva educativa, formativa y proactiva, es decir, considerándola como una ocasión para aprender, no se trata de un tratamiento incidental en el que se improvisa y se actúa intuitivamente para salvar la situación sino que la intervención está precedida de una formación del profesor que debe haberse abastecido previamente de estrategias y recursos que irá aplicando de manera honesta, coherente y adecuada. Insertado en el currículo. Cada materia ofrece, si lo sabemos ver, contenidos que podemos relacionar con el tema de la vida-muerte: la música, la literatura, la historia, las ciencias de la naturaleza, la ética, la filosofía, la física y química, etc. En todas ellas podemos ver reflejado el tema y realizar actividades, así como podemos comprobar que la inquietud por la muerte es algo inherente al ser humano, de cualquier época y de cualquier cultura. Incluyéndolo en el Proyecto Educativo de Centro. Si el centro educativo tiene en cuenta la importancia de la normalización de la muerte y del acompañamiento educativo, contemplará de buen grado y fomentará una PGA y un PCE como los anteriores además de incluir una Planificación del período de duelo que abarque un protocolo de actuación en caso de duelo. Relacionado con los temas transversales. Se hace necesario dentro de la redefinición y apertura de la que hablábamos al principio, decir que consideramos la muerte no como un tema curricular ni tampoco como un transversal sino como uno de los TEMAS RADICALES O PERENNES. Diríase que se comporta como una espiral o radical a todos ellos, entendiendo por radical relativo al fondo o a la raíz de la cuestión, pero también a su solidez y orientación: cuando las raíces son largas y fuertes, el árbol puede ser alto y sostenerse. No se podría presentar como un área curricular más, pero tampoco encajaría exactamente con las características de los temas transversales ordinarios, vinculados a necesidades sociales expresas. Mirado bien, observamos que la muerte atraviesa a todos los temas transversales sin ser una área o materia prescrita. De manera interdisciplinar. Se trata de coordinar diferentes departamentos en el caso de Secundaria y de profesores de diferentes áreas en el caso de Primaria. Tiene la ventaja de ofrecer una perspectiva globalizadora aunque presente cierto grado de complejidad por la coordinación que implica. Por último, nos parece importante señalar las Finalidades Educativas de una Educación para la Muerte Para afrontar con normalidad, conocimiento y recursos el último tabú sustantivo. Para cultivar el espíritu crítico, la duda y el cuestionamiento. Para ofrecer una formación integral para la vida Para fomentar la autoformación de los adultos. Para evitar más dolor y soledad en los procesos de duelo acompañándolos de manera amorosa y formativa Para aprender a vivir con conciencia de mortalidad por todos los beneficios que comporta, entre otros: Nos prepara para la muerte Amplia el concepto de amor. Nos humaniza. Mariquita y la muerte Plantea cuestiones esenciales sobre el sentido de la vida. Da sentido al compromiso y responsabilidad social Reconoce un determinado valor a lo material Impulsa a expresar nuestros sentimientos y a tenerlos “al día” Nos hace valorar lo que tenemos y cuidarlo CONCLUYENDO: A nuestro entender se trata de normalizar, es decir, facilitar el espacio para que los alumnos se expresen en momentos de sufrimiento, dolor o fracaso. Con respeto y cuidado, con sinceridad y honestidad permitiendo la expresión y el hecho de compartirlo, les garantiza un espacio cálido y seguro para que elabore lo sucedido según su madurez sintiéndose acompañado/a. BIBLIOGRAFIA Para adultos: Baum, Heike. (2003) ¿Está la abuelita en el cielo? Cómo tratar la muerte y la tristeza. Barcelona: Oniro Cortina, M. (2003) “Educar teniendo en cuenta la muerte. Reflexiones y propuestas metodológicas”. AULA de Innovación Educativa, Nº 122 . Barcelona: Graó. Herrán, A. de la y Cortina, M. (2006) La muerte y su didáctica. Manual para educación infantil, primaria y secundaria. Madrid: Universitas Herrán, A. de la y Cortina, M. (2007) “Fundamentos para una Pedagogía de la Muerte”. Revista Iberoamericana de Educación n.º 41/2. EDITA: Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI) Johnson, Joy (2001) Claves para ayudar a sus hijos ante el duelo y la pena. Buenos Aires: Longseller Kroen, William C. (2002) Cómo ayudar a los niños a afrontar la pérdida de un ser querido. Ediciones Oniro. Barcelona Matthews, Leslie Landon; Friedman, Russell y James, John W. (2002) Cuando los niños sufren. Madrid: los Libros del Comienzo Poch, Concepció (2000) De la vida y de la muerte. Barcelona: Claret Poch, Concepció y Herrero, Olga (2003) la muerte y el duelo en el contexto educativo. Barcelona: Paidós Poch, Concepció (2005) Catorce cartas a la muerte. Barcelona: Paidós Tabara, Paco (2002) Juguetes nuevos de cosas viejas I, II y III. Albacete: Popular Libros Turner, Mary (2004) Cómo hablar con niños y jóvenes sobre la muerte y el duelo. Barcelona: Paidós. Wolfelt, Alan (2003) Consejos para jóvenes ante el significado de la muerte Barcelona: Diagonal Wolfelt, Alan (2003) Consejos para niños ante el significado de la muerte Barcelona: Diagonal Poch, Concepció Poch, Concepció Poch, Concepció Principio del formulario Final del formulario Final del formulario

1 comentario:

  1. Mejor aceptacion de la enfermedad que "normalizacion" de la enfermedad, suena maso.

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